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Sostenimiento Económico Diego Stancampiano La Metafísica es una Enseñanza regida por el Séptimo Rayo y por lo tanto de libre escolaridad que se organiza, en muchos aspectos, bajo los cánones de la “Escuela Abierta”. Donde hay un facilitador que hace más fácil el acceso a la Enseñanza y una o más personas interesadas en aprender, allí está la Escuela. Por está razón en la Metafísica no se exigen castas, estudios previos, niveles socioculturales ni se toma asistencia, salvo en aquellas actividades como las Cátedras en que el estudiante se examinará para recibir su acreditación correspondiente. Se debe tener en cuenta que una cosa “es la enseñanza que los Maestros Ascendidos le han legado a la humanidad” y otra es “la implementación física de dicha enseñanza en el plano material”. Ningún grupo serio debería cobrar por la enseñanza, entendiendo por cobrar “el poner una cuota fija por cada actividad, mensual, o anual, sin la cual no se puede acceder a los salones de Clases, la cual se controla tomando asistencia y pidiendo la acreditación del pago de la misma”. Esto se hace en las Universidades, Colegios y entidades educativas privadas, sin que sea objeto de contrariedad alguna. Creo sinceramente “que dividir las cosas en materiales y espirituales es uno de los más graves errores que la humanidad ha cometido y comete, ya que esto conlleva a pensar que lo material cuesta, se paga y requiere esfuerzo, mientras que lo espiritual no; y esto es totalmente falso e inútil”. Sin embargo, la enseñanza que impartimos en nuestros Grupos no es nuestra y los Maestros nunca han puesto ninguna barrera, ni han cobrado por ella. Los Grupos serios no lo hacen, primero porque sería cerrar la puerta a la energía inconmensurable de la Jerarquía y segundo y principal, porque no tendríamos dinero para poder pagarla. Para implementar esta (y cualquier) Enseñanza en el plano físico, se necesitan salones, publicidad, tiempo, creación intelectual del disertante y demás recursos. Para ello se hace necesario que aquellas personas que se benefician de las actividades hagan su aporte en dinero y trabajo para llevarlas a buen puerto. Por esto se pide una Contribución Voluntaria, Donación Amorosa, o Aportación que si bien puede ser sugerida en su importe según sean los gastos de las actividades, siempre será Libre y según la conciencia de las personas que la dan. A cualquier conferencista, Maestro o Profesor se le paga un sueldo fijo por impartir cursos y a aquellos que tienen títulos o grados además se le regulan dietas (transporte, comidas, vestimenta, etc) y el “lucro cesante” que es el importe aproximado que dicho profesional deja de percibir en su actividad privada por concurrir a dictar el Curso, Congreso o Conferencia. En todo caso se le exige que realice su labor de manera correcta y honesta, pero a nadie en su sano juicio se le ocurriría exigir cuentas sobre lo que el hace con el dinero que recibe. Por ejemplo: un quiropráctico recibe su dinero por realizar un masaje y el paciente no le está peguntando si lo gasta en ropa de trabajo, alimentos para estar con energías o libros para seguir perfeccionándose. No se puede exigir que un facilitador lo sepa todo, pero si, y aún cuando no recibe un sueldo por realizar su trabajo, sino que lo hace por Amor y Gratitud a lo que la Enseñanza ha obrado en su vida, que sea serio, responsable y profesional en lo que hace y esto es lo único que pueden exigir amorosamente los alumnos: que se les enseñe. Si no fuese así, pues libremente y de la misma forma en que vino, puede buscar un grupo donde se lo haga. Así como el facilitador reconoce la bendición que es tener la enseñanza, todo alumno conciente, se siente en deuda por todo lo que recibe. Lo sepa o no, el beneficio que la enseñanza puede tener en su vida si la aplica correctamente, es inconmensurable y por otra parte, si tiene un facilitador que valga la pena (y no todos los grupos lo tienen) debe saber, si es inteligente y tiene sentido común, que los años de estudio, las horas de dedicación, los viajes por el mundo, el tiempo que esa persona invierte en prepararse y le quita a su trabajo y a su familia, difícilmente podría ser costeado por el estudiantado que se vería obligado a dejar el curso. El facilitador que es serio y dedicado, no es tonto, sino que ha probado en primera persona los beneficios de aprender, de aplicar lo aprendido, pero sobre todo de dar y por ello hace su trabajo sin esperar nada a cambio. No por ello el facilitador se dejará caer en la mediocridad de “hacer solo lo que se pueda y cuando pueda”, sino hacer siempre y en todo momento LO MEJOR Y MÁS ALTO DE QUE SEA CAPAZ. El no exige nada y con menos razón lo deberían hacer aquellas personas INCONCIENTES que piensan que todo esto se puede pagar con irrisorias sumas de dinero. Si el estudiante que acude a estas actividades está más preocupado por lo que da (y lo que se hace con ese dinero) que por la enseñanza que recibe, puede obedecer a que no está practicando lo suficiente, motivo por el cual, lo que aprende no le resulta y por lo tanto no lo puede valorar y magnificar. Generalmente los estudiantes desconocen completamente lo que cuesta el llevar adelante estas actividades. Nadie les pide que lo hagan ya que su única tarea es estudiar, a menos que quiera participar en la ardua tarea de llevar adelante estos eventos. Esa persona, en vez de exigir, reclamar, pedir explicaciones y estados de cuenta; tiene la opción de seguir con sus dudas mentales, o empezar a TOMAR CONCIENCIA de lo que está recibiendo y ver QUÉ MÁS PUEDE DAR O COMO PUEDE AYUDAR MÁS o sencillamente NO ASISTIR A NUESTRAS ACTIVIDADES NUNCA MÁS. Aquél que tiene problemas para dar generosamente su dinero, su trabajo, su tiempo, es sencillamente porque abriga pensamientos y sentimientos de escasez y desde ya que en nuestros grupos puede trabajar para erradicar estos Arquetipos tan dañinos de su conciencia ya que solo pueden acarrearle pobreza y sufrimiento. La enseñanza es libre y no se le obliga nada a nadie y si uno ha comprendido la importancia de sostenerla para que nunca te falte, da sus donaciones desinteresadamente y si no, es libre de no hacerlo. Cabe recordar que las Leyes existen y que por Causa y Efecto: cada uno recibe exactamente lo que da “el que da críticas, dudas y suspicacias, recibirá eso”. Aún cuando no se persiga ni coaccione a aquellas personas que se benefician de estos estudios si dar un céntimo, o dando con descontento y miserablemente, ante la Ley (no la de los hombres) son delincuentes espirituales y les convendría no incurrir en tales deudas ya que los Maestros enseñan que la “Sabiduría se cuida a si misma” y puede ser que no se la merezcan, ni sean tan buenos como para estar en un Grupo donde se la ama, se la valora y se la imparte con seriedad. Generalmente las personas que MÁS DAN en dinero, tiempo y trabajo, son las personas que SON MAS CONCIENTES DE TODA LA LUZ QUE RECIBEN y siempre se sienten en deuda con la Ley, Los Maestros y quien, humildemente les enseña físicamente. Por Ley de Polaridad, aquellos que MENOS DAN, son los MÁS MEDIOCRES E INCONCIENTES y piensan SIEMPRE EN ELLOS, en TODO LO QUE APORTAN Y SE CREEN EN DERECHO DE EXIGIR EXPLICACIONES. Nadie ha nacido sabiendo y todos podemos aprender y rectificar, por ello se nos recomienda tener actitudes: MAS DE AGRADECIMIENTO que de exigencia, MÁS DE DAR, que de recibir, MÁS DE TRABAJO, que de crítica.
Por lo cual no perdamos un segundo más de nuestro tiempo y SOLO ESTEMOS DONDE QUEREMOS ESTAR, HACIENDO SOLO LO QUE QUEREMOS HACER, sin más parámetro que la LUZ DE NUESTRA CONCIENCIA. |